VIDA Y OBRA DE W. A. MOZART
Probablemente en toda la Historia de la Música no
encontremos
vida más atormentada que la de Mozart. Y, con toda
seguridad,
nadie capaz como él de sublimar la desgracia a
través de
un arte genial.
El caso de Mozart es el de una precocidad prodigiosa: a los cuatro
años de edad recibe las primeras lecciones de
música de
su propio padre, y al año siguiente ya escribe sus primeras
composiciones. Las primeras sinfonías son de 1764,
cuando
sólo tiene ocho años, y a la edad de doce compone
óperas de singular atractivo y que aún hoy
figuran en los
repertorios, como Bastián
y Bastiana. Su infancia y adolescencia
las pasó viajando por todas las cortes europeas, dando
conciertos con su padre y hermana; traba contacto con la Escuela de
Mannheim y conoce a Haydn.
En 1769 entra al servicio del arzobispo de Salzburgo,
su ciudad natal,
que pretende monopolizar su actividad y le trata desconsideradamente;
tras fuertes tensiones, Mozart decide en 1782 romper con su protector y
vivir con su esposa de su producción musical. Pero eso
resultaba
imposible en una sociedad en que la música era
sólo un
lujo cultural de los poderosos, que contrataban a los más
grandes genios como criados de su corte. Los conciertos
públicos
comenzaban a celebrarse tímidamente, la burguesía
asistente pagaba su entrada y desde luego, no asistía si la
obra no era de su agrado. Así sucedió con muchas
obras de
Mozart, cuya profunda sensibilidad y modernidad no siempre fueron
comprendidas por sus contemporáneos.
W. A. Mozart
Desamparado, perseguido por la desgracia, agotado por su trabajo
incesante, su situación económica
llegó a extremos
de verdadera miseria que sólo se superaba fugazmente con los
escasos beneficios de algún pasajero éxito.
Quebrantada
su salud, Mozart murió a los treinta y cinco
años, cuando
había compuesto casi ochocientas obras. Sin que
ningún
familiar o amigo llegase hasta su sepultura, la más
exquisita
sensibilidad de toda la historia de la música fue enterrada
en
una fosa común cuya localización exacta nadie
supo
precisar.
Pero nada de eso hay en su música, y sólo en las
muy
últimas composiciones parece percibirse un cierto aleteo
trágico, una sombría modulación que
nos perturba.
El propio Mozart había escrito que la
música, incluso en
las situaciones más terribles, nunca ha de ofender el
oído, sino cautivarlo y seguir siendo siempre
música. Y
así lo hace, resumiendo genialmente la tradición
contrapuntística alemana, el fresco lirismo italiano y las
conquistas técnicas de Haydn y de los sinfonistas de
Mannheim.
La personalidad de Mozart manifiesta tanto en la innovación
de
las formas como en el contenido, de maravillosa inspiración
melódica y con atrevidos acentos armónicos y
giros
cromáticos que dan a su música una inquietante
tensión íntima ausente en la de Haydn. Hay un
aliento
emocional en la obra de Mozart que parece querer despegarse ya del
Clasicismo; de sus cuarenta y una sinfonías,
eso es
particularmente evidente en las tres últimas.
Primer
movimiento Molto
Allegro de la
Sinfonía
nº 40 en Sol m. K. 550
(fragmento)
Junto con ellas, entre lo
más importante de su obra, hay que
destacar los conciertos
para instrumento solista (sobre todo piano) y
orquesta, que Mozart elevó a la más alta
categoría
de expresión sinfónica.
Rondó del Concierto
nº 2 en
Mi b M. K. 417
para
trompa y orquesta
(fragmento)
Como autor de
música escénica, Mozart
perseveró en
la línea de la ópera
cómica, pero
haciendo de ella
un verdadero estudio psicológico de los personajes, a los
que
humaniza y caracteriza, concediendo especial importancia a la
situación dramática a través de una
expresión orquestal de engañosa facilidad, en la
que
vierte lo mejor de su capacidad creadora.
Aria Non
più andrai
de Las bodas de
Fígaro (fragmento)
Las
bodas de
Fígaro, Don
Juan, La
flauta
mágica,
son
obras que así lo atestiguan; esta última, acabada
semanas
antes de morir y compuesta para un humilde teatro popular, es una
auténtica alegoría donde los ideales
revolucionarios de
libertad, igualdad y fraternidad están claramente
simbolizados.
Con ella, además, nace la ópera alemana que Wagner
llevará a su
culminación. |