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En muchas orquestas sinfónicas ha existido un rechazo a la
participación de las mujeres. Un caso extremo ha sido el de
la Orquesta Filarmónica de Viena (Austria), que
admitió en 1997 a la primera mujer, desde su
fundación en 1852. Esta admisión no supuso
realmente ningún cambio, ya que en la orquesta siempre
habían colaborado mujeres arpistas, si bien nunca
habían sido miembros titulares. Desde entonces no se ha
vuelto a admitir a ninguna otra mujer.
Esta
intervención de la mujer en el mundo sinfónico ha
sido y es muy desigual. El sexo femenino tiene cierta
representación en las orquestas en instrumentos como el
violín, el arpa o la flauta, instrumentos que
tradicionalmente se han considerado "femeninos". En cambio, apenas
encontramos mujeres trombonistas, contrabajistas, tubistas,
percusionistas... ya que socialmente estos instrumentos son
considerados poco apropiados para la mujer. Son pocas las
jóvenes que estudian estos instrumentos en las escuelas de
música y en los conservatorios, por lo que su
representación en el mundo profesional es muy exigua.
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